Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante,
ya no podré creer en ti.
Friedrich Nietzsche (1844-1900)
Filosofo alemán.
El que dice una mentira no sabe qué
tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la
certeza de esta primera.
Desde que somos muy pequeños comenzamos a mentir, por varias razones, quizás con el fin de obtener algo, o no ser castigados, integrarse a un grupo, eludir responsabilidades o simplemente por imitación.
Pero para un niño las mentiras se podrían traducir en que la fantasía es parte de su personalidad, y entre la línea que divide lo real, y lo ficticio puede ser algo confusa, aunque no valido las mentiras en los niños.
En cambio en los jóvenes y los adultos podríamos traducirlo en la forma de evitar ciertas circunstancias o situaciones, para no afrontar la realidad, aquí ya se produce un engaño intencionado.
Algunas personas también mienten por el goce que implica la mentira el aumento de adrenalina y el placer asociado al riesgo; por otra parte la inseguridad, la desconfianza en uno puede dejar la autoestima baja evidente, y de algún modo compensar esto con mentiras, para mostrar una imagen superficial, y encajar en estereotipos sociales para ser aceptados.
Podemos distinguir varios tipos de mentiras:
San Agustín distingue ocho tipos:
Las mentiras en las enseñanzas religiosas
Las mentiras que hacen daño y no ayudan a nadie
Las mentiras que hacen daño y si ayudan a alguien
Las mentiras que surgen por el mero placer de mentir
Las mentiras dichas para complacer a los demás en un discurso
Las mentiras que no hacen daño y ayudan a alguien
Las mentiras que no hacen daño y pueden salvar la vida de alguien
Y las mentiras que no hacen daño y protegen la "puridad" de alguien. Por otra parte San Agustín aclara que las "mentirijillas" no son en realidad mentiras.
¿Hemos mentido alguna vez?-¿Somos libres de las mentiras?-¿Existen las mentiras piadosas?-¿Podríamos vivir sólo con la verdad?-¿Vas a mentir?
Creo que mientras sepamos la verdad, y no distorsionemos en demasía estas pueden ser aceptables, si no hacen daño a otros, pero si nos volvemos compulsivos maniacos, y creemos que nuestras mentiras son reales, perderemos el real motivo de la mentira inicial.
Viéndolo así jamás dejaremos de mentir, y quien diga que no lo ha hecho nunca, será el mentiroso más grande que hay.