La lectura y escritura se suelen presentar a menudo como las dos caras de una misma moneda, puesto que una y otra constituyen procesos inversos de utilización de un mismo código: al leer, se decodifica un mensaje que procede de la lengua hablada y al escribir se codifica un mensaje desde esa misma lengua.
De hecho, la lectura sólo puede realizarse sobre algo que haya sido previamente escrito, así como, se escribe, en la mayoría de los casos, pensando en que alguien va a leer lo expuesto.
Estos argumentos prueban, sin duda, la existencia de una relación funcional entre la lectura y la escritura. Es corriente, además, en los niveles iniciales de la escolarización realizar un planteamiento conjunto de ambas habilidades. Incluso en niveles escolares superiores se asume la interconexión de ambos planteamientos: utilizándose actividades de lectura para mejorar la escritura de los alumnos y a la inversa.
A pesar de esta innegable relación de funcionalidad, no podemos ignorar el hecho flagrante de que existen buenos lectores que difícilmente se despojan de sus problemas ortográficos, así como buenos escritores cuya lectura presenta importantes alteraciones.Lo que nos impide establecer una relación entre lectura y escritura a nivel de procesos psicológicos implicados.
Podemos decir que el proceso de aprendizaje de la lecto -escritor es más efectivo cuando somos capaces de insertar al niño en un ambiente rico en estímulos significativos, que impliquen actividades de esta índole (lenguaje, lectura y escritura) y que tiendan, también, a desarrollar el lenguaje oral del niño.
El aprendizaje de la lectura y la escritura van íntimamente ligados. Algunos niños empiezan a escribir antes de iniciarse en la lectura. Una vez que el niño compren de que cada letra(grafema) tiene un sonido(fonema) y que para escribir algo “ponemos” en el papel las palabras que estamos pensando o diciendo, se comienza a ejecutar los primeros bocetos de escritura (aunque no se corresponda con lo que entendemos por escritura convencional). El aprendizaje y comprensión del código ortográfico ayuda al niño a iniciarse en la lectura, a decodificar, aunque no comprenda lo que lee.
La base de la lectura y la escritura es el lenguaje hablado. No es ningún secreto que los niños que tienen mayor facilidad para comunicarse, mayor riqueza de vocabulario y fluidez tendrán, son los primeros que empiezan el proceso lector.
La comprensión y la rapidez lectora llegan de la mano de una práctica regular y sistemática, una vez que se ha iniciado el proceso de decodificación.

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